5 propósitos del nuevo año para enfrentar la subida de los precios de los alimentos

El otro día fui al supermercado a comprar leche y como de costumbre pasé por la sección de vegetales a ver si había llegado el cargamento de plátano verde que al parecer soy la única que compro por mi barrio. No había plátanos pero sí muchos bananos traídos de Colombia y tuve la intención de echar una manito en el carro hasta que ví el precio: 89 centavos de dólar la libra. Hasta hace dos semanas estaban a sólo $0.69 y aún así me parecían caros en esa época. Así que tristemente tuve que poner la manito de bananos en el estante y seguí empujando mi carrito hasta que ví el canasto de los mangos… ya saben que son mi debilidad.

Estiré la mano para coger uno bien rojito que me estaba haciendo pucheros pero cuando ví el precio, la mano volvió inmediatamente a su bolsillo, de donde nunca debería salir. Dos mangos por 5 dólares.

‘Con $5 dólares me puedo comprar la garrafa de 4 litros de leche que a final de cuentas fue lo que vine a comprar’ pensé.

Ya en ese punto del paseo me dí cuenta de que era mejor salir de la sección de frutas tropicales, en la Tundra en la que vivo son un lujo que no me puedo dar por el momento. Seguí hacia la sección de vegetales que según mi educado entender vienen de regiones más cercanas y por ende, cuestan menos. PLOP! Con lo primero que me estrellé fue con una cabeza de coliflor con un eufemístico precio de $6.99.

‘7 dólares por una cabeza de coliflor del tamaño de un mango’. No sabía si reírme o llorar porque al menos dos mangos costaban $5. La ironía es que el coliflor se puede producir aquí mismo en Canadá, no en esta época de invierno pero al menos se da. Podría entender los 7 dólares en una piña, una papaya o un tomate de árbol… pero del coliflor? JODER!!!!

Salí sólo con la garrafa de leche del supermercado y luego ví este letrero en Haligonia, el blog de noticias locales que sigo frecuentemente.

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Y luego este titular en la página del CBC. Es oficial, la comida ya es un lujo.

Pero si por mi Tundra canadiense llueve, en mi Trópico colombiano (y supongo que el de otros países de la zona) no escampa… y de hecho está tendiendo a empeorar, cosa que es totalmente absurda porque mi precioso país tiene el potencial para producir DE TODO!!!!. Eso es lo que pasa cuando uno pone gente bruta en el poder…  si creen que los últimos dos presidentes de Venezuela son un chiste, cuando revisen el prontuario de los que han gobernado a Colombia en los últimos 25 años se van a cagar de la risa. Por no decir que de indignación.

Y digo que está empeorando porque desde hace unos días se está debatiendo (otra vez) una reforma tributaria que pretende subir el IVA al 19%. Pero antes de que nos jalemos los pelos de la desesperación, es bueno aclarar que la mayoría de productos básicos de la canasta familiar como las carnes, las verduras, las frutas y los lácteos están exentos, es decir, no aplicaría para el caso del banano, el mango o el coliflor no aplicaría.

Listos para saltar en una pata de la dicha? Mmm no tan rápido, se podrían torcer un tobillo.

Se acuerdan de los TLCs que han entrado en vigencia desde hace unos años? El de Estados Unidos por ejemplo? Bueno, cabe anotar que si bien el muslito del pollo con el que hicieron el sancocho del Año Nuevo no tiene IVA, el maíz con el que se alimentó ese muslito no solamente tiene IVA del 5% sino que además es importado, es decir, se pagó en dólares, seguramente americanos. Lo mismo pasa con la cebada con la que hacen la cerveza que tomamos para el desenguayabe del 1ero de enero y con el trigo del mojicón que nos comemos con chocolatico durante las onces… Sí chicos, el mismo dólar que está encareciendo el coliflor que no pude comprar aquel día en el supermercado aquí en Canadá, está encareciendo la comida en Colombia también.

Si hasta ahora la matemática del asunto les ha parecido muy complicada para entender de qué se trata el asunto, no se preocupen, con el aumento del salario mínimo según el decreto presidencial tienen para darse cuenta de que la plata de la boleta de cine para ir a ver Star Wars se les va a ir tratando de poner comida en la nevera.

Pero gracias a Dios no todo es desolación y crugir de dientes en este valle de lágrimas! Siempre se le puede dar la vuelta a la situación y la mejor parte de que todo esté tan mal es que no se necesita mucho para que vuelvan a estar bien… o al menos no empeoren, en el escenario más pesimista. Los 5 propósitos del nuevo año que aspiro poner en práctica para hacerle el quite a la subienda de precios –y que ustedes también pueden aplicar- son los siguientes:

  1. Cultivar la mayor cantidad de verduras y vegetales que pueda en mi huerta: Obviamente! Este es un blog de Horticultura, qué otra cosa pueden esperar de mí?. Hablando en serio, el año pasado no tuve que comprar fresas y tomates durante tres meses porque los pude producir en mi propia casa. Funciona, se los aseguro. Si quieren intentarlo sigan mi blog y les cuento cómo, incluso si viven en un apartamento del tamaño de una caja de fósforos.
  1. Cambiar el supermercado por la plaza de mercado: Sí… yo sé que no hay cosa mejor que salir de las compras de la casa en un sólo viaje al supermercado, pero a la larga esto nos puede estar costando más que si vamos a la plaza de mercado o mejor aún! Si le compramos directamente a los campesinos! Que yo me acuerde nunca me han dado ‘la ñapa’ en un supermercado.
  1. Preparar las salsas y aderezos en la casa: El tarro de salsa para espaguetis que venden en el supermercado SÍ paga IVA pero los tomates y la albahaca NO! yuhu!!!! qué tal hacer un gran bache de salsa y congelarla en porciones individuales?. Yo lo hice el verano pasado con el excedente de mi cosecha de tomates y no se imaginan el tiempo y la plata que me ahorré, sin contar con que quedó de rechupete!
  1. Acostumbrarme a comprar productos de temporada: Ley básica del mercado, cuando la oferta aumenta el precio disminuye. Y si por las moscas me aburro de pensar tanto en términos de economía (cosa que es poco probable), el sabor fresco de las mazorcas acabadas de recoger en plena cosecha seguro terminará de convencerme.
  1. Comprar local, local, local: Admitámoslo, empanada mata McDonalds. Si el precio del arroz de marca genérica del supermercado es tentadoramente bajo, seguramente viene de Tailandia, y puede que sea el ingrediente perfecto para un Kao Phad de vez en cuando, pero nosotros somos latinos, comemos arroz con pollo, ajiaco y tamales y eso sólo sabe bueno con nuestro propio arroz. La gracia de comprar local no es tanto ahorrar una platica, si no que no tengamos que importar alimentos que podemos producir, así no dependemos de las fluctuaciones del dólar o algún evento catastrófico en otro país… o incluso algún presidente loco que decida cazar alguna pelea con el menos indicado.

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