El discreto encanto del suelo fértil

Un dicho muy común entre los horticultores es “tú ocúpate de cuidar el suelo que de las plantas, se ocupan ellas mismas”, y yo no podría estar más de acuerdo. Aparte del sol que les proporciona la energía que necesitan para crecer, el suelo básicamente es todo para una planta; en él encuentra los nutrientes que necesita para vivir, es el sustrato que la sostiene, le da abrigo y compañía, es la estrella del show, el alma de la fiesta!.

Es cierto que la industria tecnológica, con sus modernos laboratorios y sofisticados científicos en pristinas batas blancas y gafitas de nerd, ha desarrollado diferentes  sustancias para fertilizar los suelos y agregarles  nutrientes, sin embargo, ningún invento ultra-mega-bomba que salga de un laboratorio logrará igualar jamás la magnificencia del trabajo que la propia Madre Naturaleza hace precísamente porque el suelo no es cualquier arroz con pollo que se arme con una receta específica y se ponga a cocinar, el suelo es una criatura viva que nace, crece, se transforma y se renueva, y eso sólo es posible a través de un ciclo de cambios que la Naturaleza ha perfeccionado durante miles de millones de años… así que a veces es necesario bajarle un poquito la arrogancia a la ciencia que cree saberselas todas y aprender con humildad cómo es que Mami hace las cosas porque ese talento no se improvisa.

Bueno y qué es eso tan bueno que tiene para que yo le eche tantos piropos? Algo exquisito debe tener cuando la primera reacción de un bebé al ponerlo cerca de una matera sea comerse la tierra… y es no es para menos, la sensación de tener en las manos un puñado de tierra fresca y fértil es fascinantemente indescriptible, dan ganas de… pasarle un lenguetazo!. Aunque yo les aconsejaría que no lo hicieran, por más que parezca un helado de chocolate, ciertamente no lo es y el sabor podría no gustarles. Al final de cuentas el suelo está compuesto en un 80% por elementos inorgánicos, es decir, no vivos que son el Agua, el Aire y los Minerales.  Sin embargo, una pequeña parte de él -un 20% aproximadamente contiene un universo casi infinito de minúsculas e industriosas criaturas que con sus constantes ciclos vitales hacen posible el milagro de la vida. Este 20% es lo que se denomina comúnmente Materia Orgánica, yo personalmente lo llamo El Aliento de Dios, que me parece mucho más inspirador.

Composición-del-suelo

 

En ese sentido, yo ya no veo al suelo como un sustrato inerte, como una simple esponja que absorbe fertilizantes… que es la visión cliché y carente de creatividad que la agro-industria maneja hoy en día. El suelo para mí es la manifestación de la vida en todo su esplendor, es aquello que contiene una parte de ese Aliento de Dios que le da sentido a la función más básica -y más deliciosa- de nuestra existencia: La Nutrición, (sí!!! C.O.M.E.R!!!!). Si alguno de ustedes siente que ha perdido su propósito en la vida y no sabe qué camino coger, mi primer consejo sería siembra una planta, especialmente una que se pueda comer.

Volviendo a la misión del jardinero

En conclusión, la misión de un jardinero, si decides aceptarla es hacer que el Aliento de Dios no se apague en tu jardín. Para esto, hay varias actividades que requieren un esfuezo adicional al de sembrar, regar y mantener las plantas. Hablaremos con mucho más detalle de cada una de ellas a lo largo del blog pero por ahora sólo quiero mencionarlas para tenerlas en cuenta:

  1. Compostaje o Compost: Es el proceso mediante el cual convertimos los desechos orgánicos del jardín o incluso de la cocina en suelo fértil. Hay muchas técnicas de compostaje como la lombricultura o vermi-compostaje, el bokashi, la pila termofílica, la pila de compost pasiva… etc, etc, etc. Todas tienen métodos distintos y se ajustan a diferentes estilos de vida incluso para los habitantes urbanos más ocupados, pero lo que todas tienen en común es el principio básico del funcionamiento del mundo: La materia no se crea ni se destruye, se transforma.
  2. Simbiosis:  A esta técnica la llamo ‘la promoción del 2×1’ ya que permite la coexistencia de dos o más seres vivos en un mismo hábitad para buscar un beneficio común para todos. Algunos ejemplos es la fijación simbiótica del nitrógeno del aire en el suelo o el intercalar plantas frutales con plantas florales para atraer a los polinizadores… La simbiosis, más que una relación de mutuo beneficio es la expresión original de la vida en comunidad.
  1. Rotación de cultivos: Hasta el suelo se cansa de mantener a las mismas inquilinas exigentes por mucho tiempo. La idea de rotar cultivos es dejarlo descansar de las mismas plantas de siempre y cambiar por otras que puedan aportar otros beneficios, ya sea leguminosas que fijan el nitrógeno u otras que ayuden a combatir pestes y bichos.
  1. Acolchar la base de las plantas: En inglés se dice Mulch o Mulching y como soy muy floja la voy a seguir utilizando a lo largo de este blog para definir el proceso en el cual agregamos una capa de material orgánico como hojas secas, madera seca o descompuesta triturada o paja alrededor de una planta para proteger su raíz del frío o calor extremos y mantener la humedad del suelo. El mulching es muy importante porque ayuda a regular la temperatura del suelo y de la planta, previene la erosión y la invasión de la maleza en nuestro jardín. El mulching se hace constantemente en el jardín, especialmente cuando acabamos de transplantar una plántula o al final del ciclo de cosecha ya que funciona como una capa aislante o “cobija” que protege el suelo durante el invierno. En la medida que el material que utilizamos para el mulch se descompone, termina haciendo parte del suelo, polvo eres y en polvo te has de convertir.

 

 

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